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Mis momentos del día para estar presente

Cuando empecé a practicar mindfulness  todos los días, descubrí que más allá de sentarme a meditar cuando me levanto por la mañana o antes de dormir, había momentos en el día que podía utilizar para estar presente y tener un extra de paz.

En la ducha: me gusta concentrarme y prestar atención a cómo el agua recorre mi cuerpo y solo pienso en cosas como la temperatura, el olor del champú o el recorrido de la jaboneta. Si me depilo hago también un ejercicio de conciencia plena para ver por dónde voy pasando la cuchilla por encima de la espuma y solo pienso en cómo va quedando mi piel. Meterme a la ducha y frenar durante un rato más la vorágine de los pensamientos hace que normalmente empiece el día mucho más centrada y con un diálogo interno más calmado.

En el metro: Siempre cojo el metro en hora punta y hay días que resulta muy estresante. En la primera mitad del viaje ( 4 paradas más o menos) me toca ir de pié. Aprovecho ese momento para observar a las personas (a las que normalmente veo muy serias) y concentrarme en el vaivén del tren.  Después suelo conseguir sentarme, y es entonces cuando me pongo los auriculares con algún sonido de naturaleza (utilizo la app calm) y cierro los ojos hasta que llego a mi destino.

Mientras caliento agua para el té: Una de las primeras cosas que hago al llegar a la oficina es hervir agua para hacerme un té. Normalmente llego temprano y suelo estar sola en la cocina, me gusta escuchar el sonido que va haciendo el agua a medida que se calienta, cómo suben las burbujas y finalmente hierve. Es un proceso que siempre se toma su tiempo, así que aunque vaya con mucha prisa me obliga a tomarme unos minutos para “no pensar”.

En el gimnasio: No utilizo música y me concentro mucho en cada uno de los ejercicios que hago, en como siento mis músculos y mi cuerpo moverse mientras cuento mentalmente las repeticiones. En los momentos de descanso seguir mi respiración es suficiente para mantener la mente en silencio.

Fregando los cacharros: He descubierto que tengo una gran capacidad de concentrarme en casi todo lo relacionado con el agua, así que he aprendido a transformar la tarea de fregar los platos (que no me gusta nada) en un momento para concentrarme en lo que estoy haciendo y no dejar que me asalten pensamientos y diálogos que no quiero tener.

 

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