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La pérdida ambigua: cuando no se puede decir adiós

Un avión que desaparece, un niño secuestrado, un desastre natural que barre una ciudad entera del mapa… son algunos de los territorios dramáticos el ser humano no está preparado para dominar. Pero de una u otra manera, a todos nos van a faltar seres queridos a lo largo de nuestras vidas. Puede que se presente de forma incremental, como el envejecimiento o sintamos la pérdida colectiva sin sentido cuando presenciamos algún tipo de ataque terrorista.  Pero también hay otras pérdidas, pérdidas en vida en las que vemos cómo un ser querido desaparece poco a poco con demencia o alzheimer o la pérdida que supone el divorcio.

Pauline Boss se dedica a asesorar a organizaciones como la Cruz Roja, familias o empresas después de eventos como el 11S dónde existe el duelo sin la posibilidad de cierre. El cierre es el momento de despedida en el que sientes que te has quedado en paz. El cierre es lo que permite empezar a superar las cosas. O eso nos han contado. Pauline no está de acuerdo y dice que es un mito que nos lleva por el mal camino.

No existe algo como “el cierre”. Tenemos que vivir con la pérdida, clara o ambigua. Y está bien. Está bien. Está bien que cuando nos acercamos a una persona que está sufriendo digamos algo sencillo como  “Lo siento mucho.” Realmente no hay que decir nada más.

Pauline Boss es profesora emérita de la Universidad de Minnesota. Su libro de 1999 acuñó el término La pérdida ambigua que se ha convertido en un campo de estudio en la terapia y psicología de la familia. Ella fue una de las primeras en hablar de una realidad familiar que existía en la época posterior a la guerra de Estados Unidos en la que a menudo había un padre ausente (vivo, pero sin estar presente de manera significativa). Creció en la primera generación de una familia inmigrante suizo-estadounidense en Wisconsin.

“La nostalgia es una parte esencial de la cultura de mi familia. Eso es algo cierto para casi todas las familias de inmigrantes, pero sin duda lo era para la mía. También lo era para mi pueblo, porque había muchas familias inmigrantes. Podía ver la tristeza periódicamente cuando mi padre recibía una carta de Suiza, o peor aún, una carta con un borde negro que traía el anuncio de alguna muerte en la familia. Por lo tanto, siempre he sido consciente de que había otra familia en alguna parte, y que había un poco de nostalgia.

Son cosas de las que no se habla porque no se reconoce la pena, nostalgia o tristeza cuando las personas han tomado la decisión de irse muy lejos. Forma parte de nuestra cultura no querer escuchar eso. Negamos la pérdida ambigua que viene con cosas como la inmigración. Y la negamos porque queremos superarlo, pero es paradójico, porque sucede lo contrario. Cuanto más se quiere superar, más tiempo se necesitará. Por qué tienes que olvidar tu antiguo país, isla, o cultura, mientras aprendes a encajar en el nuevo? Puedes vivir con un pié en el viejo, y un pié en el nuevo.

Pauline comenzó con la idea de la ausencia del padre. Y finalmente llamó a esta pérdida “pérdida ambigua de tipo dos”, refiriéndose a alguien que está aquí, pero que no está aquí. Es decir, existe la presencia física, pero psicológicamente está ausente como sucede con autistas y enfermedades mentales. La pérdida ambígua de tipo uno se refiere al tipo de pérdidas que copan los titulares de las noticias.

Cuando estaba estudiando la ausencia psicológica y publicó su primer artículo ya graduada había alguien del ejército en el público. Al terminar su ponencia, se acercó a comentarle que si deseaba estudiar la ausencia física disponían de datos sobre las familias de los desaparecidos durante el combate en Vietnam. Familias que no habían sido capaces de decir adiós ni de enterrar a sus muertos. Así comenzó a escribir sobre la  ausencia del padre físico, porque en ese momento, los desaparecidos en acción eran todos hombres.

“Nos gusta resolver problemas. No estamos cómodos con preguntas sin respuesta. Y la vida está llena de preguntas sin respuesta.

Alguien se ha ido, no se sabe dónde está, no se sabe si está vivo o muerto, no se sabe si va a volver. Y ese tipo de misterio, nos da una sensación de impotencia con la que estamos muy incómodos como sociedad.

Pauline dice que el tipo de dolor que está involucrado en la pérdida ambigua es distinto de la pena tradicional. Pero, ¿en qué es diferente? Pues en que en la pérdida ambigua, no hay realmente ninguna posibilidad de cierre. Así que termina pareciéndose a lo que los psiquiatras llaman ahora un “duelo complicado” o “patológico”.

Es una situación caótica increíblemente dolorosa e ilógica por la que pasan estas personas con seres queridos desaparecidos ya sea física o psicológicamente. Y pueden tener síntomas de dolor durante cinco o diez años, si se trata de un cuidador de un paciente de Alzheimer o el padre de un niño desaparecido. No hay nada malo en ello. Por ejemplo, cuando un niño ha sido secuestrado, los padres pueden tener una pena adicional cuando los amigos de este niño vayan ala universidad, o se casen. Es un dolor a largo plazo. Es un dolor crónico.

Cuando vivimos o visitamos a un paciente con Alzheimer vivimos también una muerte gradual. Cada vez que vamos de visita, nuestro ser querido ha desaparecido un poco más, está un poco más lejos. Y, sin embargo, la persona tiene el mismo aspecto.

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Otra cosa que observamos culturalmente es lo importante que resulta para los seres humanos enterrar a sus muertos. Aunque Pauline sostiene que lo realmente importante para nosotros es saber dónde está el cuerpo. Por eso son tan importantes los monumentos conmemorativos de personas desaparecidas. Necesitamos un poco de control cuando perdemos a alguien así. Pero también tiene que ver con el apego. La gente quiere saber dónde está ese cuerpo, o cuál es el símbolo de ese cuerpo. Las familias y amigos de los desaparecidos vuelven a estos monumentos conmemorativos, como el Memorial del 11S, o los monumentos de Japón después del tsunami, o a los monumentos conmemorativos del Holocausto. Estos lugares desempeñan un muy gran función en nuestro bienestar psicológico.

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Elisabeth Kübler-Ross definió las cinco etapas del duelo en 1969: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Estas etapas se entienden como un via crucis por que que pasas y finalmente llegas al final.  Pauline tiene otra opinión al respecto:

“Las etapas del duelo forman parte de una cultura del control, una cultura de la resolución de problemas y con ganas de seguir adelante con las cosas. Elisabeth Kubler-Ross encontró esas cinco etapas útiles para las personas que se están muriendo. No quería decir que para los miembros de la familia esa fuera la ruta para superar la pérdida. Hoy en día, las nuevas investigaciones en el dolor y la pérdida no recomiendan etapas lineales. Nos gustan las etapas lineales porque, de hecho, tienen un final. Tienen un extremo finito. Si se parte de la primera etapa, y se avanza hasta la quinta etapa … finalmente llegará la aceptación. Se acabará el luto. Pues bien, ahora sabemos que esto no es cierto y que los seres humanos vivimos con dolor. Y somos capaces de vivir con el dolor. No hay que superarlo. De vez en cuando podemos estar tristes, ir al cementerio, o pensar en la persona que murió. Y esto es normal. Por lo tanto, ahora sabemos que vivir con el dolor implica tener altibajos que quedan cada vez más separados en el tiempo, pero que nunca desaparecen por completo.

“Es importante diferenciar entonces entre tristeza y depresión. La depresión es una enfermedad que requiere una intervención médica. Es una minoría de personas las que tienen depresión.

Y, sin embargo, con la pérdida ambigua por la enfermedad de alzheimer y otros tipos de demencia, se dice que los cuidadores están deprimidos. La mayoría de los cuidadores que he conocido, estudiado y tratado no están deprimidos; están tristes. Están viviendo el duelo. Y esto debe ser normalizado. La tristeza se trata con conexión humana.”

Las personas no pueden hacer frente al problema hasta que saben cuál es el problema. Y siempre buscamos un significado con el que poder vivir el resto de nuestra vida sin demasiado estrés.

“La única manera de vivir con la pérdida ambigua es sostener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo. Por ejemplo, con la física, la gente dice: “Ha desaparecido, probablemente esté muerto, o quizá no”, o “Él puede venir de vuelta, pero a lo mejor no.” Ese tipo de pensamientos son comunes, y son la única manera de que las personas puedan reducir el estrés de vivir con la ambigüedad. Los niños lo aprenden rápidamente, e incluso los adultos lo aprenden. No se necesita demasiado tiempo. Sin embargo, no forma parte de nuestra cultura.

Nos gustan las respuestas finitas. Estás muerto o estás vivo. Estás aquí o te has ido. Pero si tienes a alguien con demencia, o un niño con autismo, están ahí, pero no están siempre ahí.

Los orientales consideran que el sufrimiento es parte de la vida. Nuestra idea es que el sufrimiento es algo que se debe superar, que hay que curarlo, o solucionarlo. Es probable que ese pensamiento haya hecho a nuestra sociedad grande, y haya hecho de la tecnología algo tan maravilloso que permite la cura de enfermedades, y así sucesivamente.

Pero aquí está el quid de la cuestión. De vez en cuando, hay un problema que no tiene solución. Podría ser una enfermedad. Podría ser una persona perdida. Podría ser algo así como más pérdidas ambiguas diarias tales como la adopción, el divorcio, la inmigración. De vez en cuando, hay problemas que no tienen una solución perfecta. Y entonces esta idea de celebrar dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo es muy útil para la reducción del estrés.

Alguien de quién habla Pauline a menudo es Victor Krankl. Él escribió el Hombre en busca de sentido. Dijo algo así como…

De alguna forma, el sufrimiento deja de ser sufrimiento en el momento que encuentra un significado.

Lo que sabemos ahora es que la búsqueda de sentido es fundamental en situaciones de pérdida, claras o ambiguas, y en situaciones de trauma. Esto es algo muy difícil. Por ejemplo, si un niño muere, o si un niño se suicida, una mujer es asesinada, o si un ser querido desaparece en el mar,  es un hecho que no tiene sentido. Pero el punto de Pauline es que el hecho de que no tenga sentido es un significado en sí mismo.

“Lo que he encontrado es que mientras tenga algo más en mi vida que sea significativo, le puedo encontrar sentido. Así la búsqueda de significado se mantiene a lo largo de la vida, pero no necesariamente se tiene que localizar el significado de esa cosa terrible que sucedió. Tienes que encontrar el significado de tu vida en otro lugar. Algo que sea suficientemente bueno”

“Tenemos que renunciar a la perfección, y quedarnos con una respuesta “lo suficientemente buena”. Hay una gran cantidad de situaciones que no tienen respuesta perfecta. Veo todo el tiempo como la madre de un niño secuestrado dedica su vida a ayudar a otros niños y a prevenir las desapariciones. Adí encuentra su significado.A veces las personas a las que les han sucedido cosas terribles las transforman en algo que puede ayudar a los demás. Esa es una manera de encontrar el sentido de falta de sentido.

Hay que dejar de utilizar la palabra cierre. Es una palabra perfectamente buena para los negocios y acuerdos inmobiliarios. No hay que demonizarla, pero es una palabra horrible para  las relaciones humanas. De alguna manera en nuestra sociedad, hemos decidido, una vez que alguien ha muerto, hay que cerrar la puerta. Pero ahora sabemos que las personas viven con el dolor. No tienen que superarlo. No hay ningún problema. No estoy hablando acerca de una obsesión,  sólo de recordar.

Tenemos que dejar de presionar a la gente para superarlo. Es cruel en realidad hacer eso. Si quieres decirle algo a la persona que está pasando por la pérdida, dile “¿Qué significa para ti? Porque hasta que no sabes qué ha significado, no sabes bien qué decir. Alguien podría contestar “ Es un castigo de Dios” o “Es un castigo de mi ser querido”. También hay respuestas del tipo “ Todo el tiempo me van las cosas mal, todo falla en mi vida”, o “Es otro reto en mi vida, pero creo que puedo superarlo”.

“La percepción importa mucho. La percepción abre la ventana para cómo tú vas a reaccionar: con resiliencia y fortaleza.

Una de las pérdidas ambiguas más comunes Segun la doctora Boss es el divorcio.

“Obviamente, el divorcio no es tan traumático como los desastres de los que hablábamos, pero es cada vez común. Estás perdiendo a alguien a través de la sentencia de divorcio, pero están todavia ahi. Por lo tanto, están ahi, pero no están. Están presentes y ausentes a la vez. Esto es más cierto cuando además tiene hijos en común.
El divorcio representa la ruptura de una relacion humana. Cuando tiene suna unión así, no la puedes romper del todo. Forma parte de tí y de lo que tu eres. Y s tienes que interactuar al compartir la custodia de un hijo, es muy confuso. Esa es la ambigüedad del divorcio. Y es una pérdida. Creo que cuando hablamos con alguien sobre el divorcio, creo que se nos olvida el duelo de la persona.

También es verdad que hay personas a las que dices “ Siento mucho lo de tu divorcio” y te contestan con un “no lo sientas”. Por eso es tan importante preguntar “ ¿Qué significa eso para tí?”

Los descubrimientos cientificos suceden, no por método o magia, sino por estar aiertos al descubrimiento, escuchando la smeociones de uno y respondiendo a la intuición. Como un poeta, un investigador o un terapeuta necesitamos la habilidad de imaginar cuál será la verdad. Cada uno prueba a su manera. El poeta junta palabras, el terapeura prueba una estrategia y el investigador hipótesis.

Tenemos que imaginar cuál será la verdad dejando entrar a la intuición y a la imaginación. No me gusta utilizar la palabra aceptación. Tenemos que aprender a estar cómodos con lo que no somos capaces de resolver.

Fuente: Entrevista a Pauline Boss de Krista Tippett

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