Por qué tengo un diario analógico en un mundo digital

Diario analógico

Sí, has leido bien. Un diario analógico. De papel. Una libreta de toda la vida.

He probado todas las apps de productividad habidas y por haber. Tras 3 años trabajando en una de las agencias más intensas del panorama nacional, salir casi siempre a mi hora y con la tarea hecha ha requerido de un esfuerzo de productividad y organización épico.

He pasado por slack, trello, todoist, wunderlist, asana, inbox by gmail, sortd, google keep, evernote, e integraciones de zappier y trello para automatizar tareas y sincronizar el calendario con mis deadlines de la semana. He descubierto que es casi imposible obtener una sincronización en ambas direcciones: que si hago cambios en el calendario, se refleje en mi plan del día siguiente, y que si hago cambios en mis deadlines, se reflejen en el calendario. Parece obvio, pues es  IM PO SI BLE.

La parálisis por el análisis.

Hasta que un día dejé de sufrir  sincronizar, de sistematizar y de agobiarme porque el calendario había duplicado (y hasta triplicado algunos eventos).

Pasé por un HEMA que había al lado del trabajo (la versión holandesa del tiger) y me compré… media docena de libretas. Una para comercial, y una para cada una de las otras 5 cuentas que estaba supervisando en ese momento. Las tareas personales seguían dando tumbos entre evernote y keep. Traducción: no conseguía hacer to do’s personales a menos que fueran extremadamente urgentes porque no los veía.

Las libretas de cada cuenta empezaron siendo la enciclopedia del consultor digital, y terminaron, por falta de tiempo y espacio mental en listas de tareas mucho más escuetas pero que me permitían articular el trabajo de un modo más ágil que en el universo de la nube, pero seguía siendo un lío.

El descubrimiento del Bullet Journal

Seguía viendo videos sobre productividad esporádicamente hasta que una cookie (santa cookie) trajo a mi barra lateral de videos sugeridos en youtube un video del bullet journal.  Mis ojos no daban crédito a semejante invención. Parecía todo tan simple, tan minimalista y tan efectivo, eficiente y productivo que tenía que probarlo. Sí o sí.

Era 2016 y todavía no había empezado el hype del bullet journal. Yo trabajaba en la agencia de los modernos y nadie tenía un bujo. Iba a ser la pionera. Corrí a la mesa del CTO a darle la noticia porque él era un loco de la productividad como yo, pero con mucha menos libertad analógica. ¿Os imagináis lo que es ser CTO e ir con una libreta?

Al día siguiente fuí al HEMA y me compré la libreta más gorda que encontré. Tenía tantas listas, tareas y proyectos que pasar a limpio que no quería quedarme sin espacio.

Empezó una nueva era.

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