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3 cosas que no debes decirle a alguien que tiene depresión

Hace poco dando una charla acerca de la importancia de la empatía, se me acercaron varias personas para contarme lo difícil que era para ellas mostrarse empáticos con familiares o amigos cercanos que estaban pasando por procesos depresivos y de ansiedad.

A veces, tratando de mejorar las cosas lo que conseguimos es el efecto contrario. Es muy duro para un padre ver como su hijo está tocando fondo y lo que se suele decir para animar, en muchos casos, hace sentir peor a la otra persona. Sea un hijo, padre o amigo, aquí van 3 frases que debes evitar y una sugerencia para esos momento :

1. Tienes muchas cosas por las que estar agradecido

Cuando alguien está sufriendo ansiedad o depresión, no se le olvidan las cosas positivas que tiene en su vida, simplemente no le alegran. Eso hace que tenga que lidiar con sentimientos de culpa y vergüenza por no ser capaz de valorar esas cosas buenas. En vez de decir eso, dí: ” Yo te aprecio mucho”

2. Hay mucha gente con problemas más grandes que los tuyos

Decir esto, solo le hará sentirse más egoista. En vez de decir eso, dí ” Siento mucho oir eso, quieres ir a dar un paseo?”

3. Simplemente sé feliz

Una de las peores, ya que convierte el sufrimiento de la persona en algo que se podría superar con fuerza de voluntad. No hay nada que esa persona desee más en en el mundo que ser feliz. Prueba con ” ¿Qué puedo hacer yo para que seas un poco más feliz?”

Quería compartiros también un video genial acerca de la depresión y que puede daros una idea de cómo es sentirse así. La historia de la persona que habla en el video es esta.

“Lo contrario de la depresión no es la felicidad, sino la vitalidad. Y fue la vitalidad lo que parecía haberme abandonado en ese momento. Todo lo que tenía que hacer me parecía demasiado esfuerzo. Volvía a casa, veía la luz roja del contestador titilar y en vez de alegrarme de que mis amigos me llamaran, pensaba: «Cuánta gente a la que tengo que llamar».O, si decidía almorzar, después pensaba que tenía que sacar la comida, ponerla en un plato, cortarla, masticarla, tragarla, y sentía que era como un vía crucis.

Una de las cosas que se olvida cuando se habla de depresión es que uno sabe que lo que le pasa es ridículo. Mientras te está pasando, sabes que es ridículo. Sabes que todo el mundo puede escuchar los mensajes en el contestador, almorzar, organizarse para darse una ducha, para salir, y que no es nada del otro mundo, y aún así, estás en sus garras, incapaz de imaginar cualquier salida. Y entonces empecé a sentir que hacía cada vez menos, que pensaba cada vez menos, que sentía cada vez menos. Era como una incapacidad.

Y entonces apareció la ansiedad. Si me dijeran que tengo que estar deprimido todo el mes que viene, contestaría: «Como sé que terminará en noviembre, lo puedo lograr». Pero si me dijeran: «Vas a padecer ansiedad grave todo el mes que viene», preferiría cortarme las venas antes que pasar por eso. La sensación que tenía constantemente se parecía a cuando vas caminando y te tropiezas o resbalas y el suelo se te acerca a toda velocidad. Pero en lugar de durar medio segundo, que es lo que dura, duró 6 meses. Es la sensación de tener miedo todo el tiempo, pero sin ni siquiera saber a qué le tienes miedo. Y en ese momento empecé a pensar que estar vivo era simplemente demasiado doloroso y que el único motivo para no matarme era no hacerle daño a los demás”

Foto: Christian Hopkins

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